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Salud
Martes, 20 de Agosto de 2019
 

¿Cuándo debo llevar a mi hijo al otorrino?

 
Redacción
 

El equipo de Otorrinolaringología de Grupo IHP recomienda que nuestros pequeños acudan al especialista cuando presenten otitis de repetición, tengan dificultad al escuchar o se produzca algún retraso en el desarrollo de su lenguaje, entre otros.

¿En qué ocasiones debemos llevar a nuestros hijos al otorrinolaringólogo infantil?

¿Cuándo debo llevar a mi hijo al otorrino?
A modo de resumen, vamos a enumerar una serie de situaciones en las que debemos solicitar revisión por nuestro otorrinolaringólogo infantil de referencia:
 
  • Recién nacidos que no superan las pruebas de cribado audiológico neonatal. 

 

  • Niños de cualquier edad con otitis de repetición, ya sean supuradas o no. 

 

  • Si sospechamos que el pequeño no escucha bien: habla fuerte, pregunta mucho ¿Qué? o pone la tele fuerte. 

 

  • Si se produce un retraso en el desarrollo del lenguaje. 

 

  • Si existe una marcada respiración bucal con o sin voz gangosa. 

 

  • Cuando el niño o la niña presenta ronquidos nocturnos y/o pausas de apnea.

 

  • Cuando exista alteraciones en la voz que no mejora pasadas unas semanas. 

 

  • Si aparecen sangrados nasales con frecuencia. 

¿A partir de qué edad es recomendable que el niño acuda a un especialista?

En el caso de que el pediatra no observe ninguna patología del territorio otorrinolaringológico relevante, no hay una edad establecida en la cual haya que realizar una primera revisión en la consulta. Los síntomas auditivos (hipoacusia) y los procesos infecciosos del campo otorrinolaringológico (adenoiditis y amigdalitis) son los procesos más frecuentes por los que los pacientes pediátricos deben acudir a una evaluación precoz por parte del Otorrinolaringólogo pediátrico.  
 

¿Cuáles son las preguntas principales que suelen hacer los padres cuando llegan a la consulta?

También acuden solicitando información o revisión por problemas relacionados con la limpieza de oídos, el uso o no de bastoncillos, etc.
 
Durante el periodo vacacional, les preocupa el agua de la ducha o de las piscinas y su repercusión en el oído externo u oído medio (en pacientes portadores de tubos de ventilación), etc. Existen temas que son recurrentes durante todo el año como son los referentes a las alteraciones auditivas (hipoacusia) y su detección precoz o el desarrollo del lenguaje.
 
También una consulta recurrente es la relacionada con la presencia de infecciones de repetición (amigdalitis o adenoiditis), los ronquidos y pausas respiratorias nocturnas (Síndrome de Apnea Obstructiva del Sueño).
 

¿Qué tipo de pruebas generales se realizan?

¿Cuándo debo llevar a mi hijo al otorrino?
En una consulta de Otorrinolaringología pediátrica general se realiza una exploración sistemática que incluye: anamnesis general, inspección de la cavidad oral, orofaringe y del oído (otoscopia). También se explora la cavidad nasal mediante una rinoscopia anterior. 
 
En algunos casos es necesario hacer pruebas más específicas como una otomicroscopia (igual que una otoscopia, pero utilizando un microscopio para conseguir un mayor control del conducto auditivo externo y poder manipularlo con instrumental) o una nasofibrolaringoscopia flexible, para conseguir explorar en profundidad las fosas nasales, la faringe y la laringe (cuerdas vocales)
 

¿Cómo se evalúa la audición en bebés, en niños y en adolescentes?

Tras el nacimiento, se realiza una prueba de cribado de hipoacusia infantil: OEA (Otoemisiones acústicas), donde se analiza la integridad del caracol (oído interno). También contamos con otros instrumentos de detección precoz de la hipoacusia que son los Potenciales Evocados Auditivos de Tronco Cerebral (PEATC), donde se analiza la integridad de la vía auditiva.
 
Los niños presentan en sus dos o tres primeros años de vida una colaboración limitada a la hora de explorar la audición, por los que las pruebas auditivas consisten en el análisis de la respuesta frente a juguetes que emiten sonidos calibrados (Audiometría conductual), donde se requiere un personal cualificado y experimentado. También en esta edad se pueden realizar la timpanometrías, para diagnosticar la presencia de contenido mucoso en el oído medio, como el que se presenta en las otitis seromucosas).
 
En niños mayores de 4 años, suele ser suficiente con realizar una audiometría normal liminar en cabina, complementando el estudio con una timpanometría o impedanciometría.

¿Qué enfermedades infecciosas auditivas pueden afectar a los más pequeños?

Las otitis medias en todas sus variantes (seromucosa, aguda, crónica…) son uno de los procesos más frecuentes en la edad pediátrica. Además, son una de las principales  causas de prescripción de antibióticos y de ingreso hospitalario en los más pequeños. 
 
El origen de las otitis medias viene condicionado por la falta de maduración del oído medio asociado a catarros frecuentes. Con un tratamiento adecuado y con la madurez suficiente, la mayoría de los procesos se resuelven cuando los niños y niñas alcanzan los 5-6 años de edad. Existen casos en los que los problemas auditivos de oído medio pueden degenerar en procesos crónicos, como la otitis media crónica, donde deben ser controlados por otorrinolaringólogos pediátricos especializados. 

¿Cómo podemos prevenirlas?

Las irrigaciones nasales con agua de mar o suero salino se han convertido en uno de los recursos más eficaces y más interesantes para el tratamiento de la patología rinosinusal pediátrica. Estos lavados, acompañados de técnicas efectivas de limpieza nasal, son los recursos menos costosos y a los que mejor responden los niños y niñas.
 
El entorno también ha adquirido una vital importancia en la patología pediátrica otorrinolaringológica. Se ha demostrado cómo la incidencia de patología infecciosa en el territorio ORL es más frecuente en niños que viven en ambientes donde se fuma.
 
La lactancia materna, así como proporcionar al pequeño una dieta variada, rica y saludable también han demostrado su efecto protector frente a los procesos infecciosos.
 

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