
Las primeras semanas de vida son un momento clave para la microbiota del bebé y su salud digestiva infantil. En ese tiempo empieza a formarse la microbiota del bebé, es decir, el conjunto de microorganismos que viven de manera natural en su intestino y que influyen en su bienestar diario. Aunque no se vea, puede relacionarse con aspectos tan comunes como la tolerancia a las tomas, la presencia de gases, los cólicos o el ritmo intestinal.
Por eso, a menudo se habla de estos primeros días como una ventana crítica para la salud digestiva infantil: el aparato digestivo está madurando y la microbiota se está organizando a gran velocidad. En este artículo vamos a aclarar qué es la microbiota intestinal, cómo se forma desde el nacimiento, qué papel tiene el digestivo pediátrico y qué señales suelen indicar que el bebé va bien, además de hábitos sencillos que ayudan a cuidar una microbiota equilibrada.
¿Qué es la microbiota del bebé?
La microbiota es el conjunto de microorganismos que viven de forma natural en el cuerpo y que en el bebé comienza a establecerse desde el nacimiento y cambia con rapidez durante las primeras semanas. Estos cambios pueden influir en cómo tolera las tomas y en la aparición de molestias digestivas habituales.
Qué entendemos por microbiota intestinal
La microbiota intestinal incluye bacterias y otros microorganismos que se encuentran en el intestino. Sus funciones se relacionan con procesos importantes como:
- La digestión de algunos componentes de la leche y, más adelante, de otros alimentos.
- El mantenimiento de la barrera intestinal, que limita el paso de sustancias al interior del organismo.
- La interacción con el sistema inmunitario, que participa en su desarrollo durante los primeros meses.
- La estabilidad del funcionamiento intestinal, lo que puede influir en la presencia de gases y en la tolerancia digestiva.
- Cómo se forma la microbiota desde el nacimiento
La microbiota del bebé se forma de manera progresiva. En esas primeras semanas, hay varios factores que pueden influir en su composición:
- Tipo de parto. En el parto vaginal, el bebé entra en contacto con microorganismos del canal del parto y la piel materna desde el inicio. En la cesárea, la primera exposición suele ser distinta. Esto puede influir en la microbiota inicial.
- Alimentación. La lactancia materna aporta componentes que favorecen el crecimiento de determinadas bacterias intestinales. La fórmula tiene una composición diferente y puede asociarse a un perfil distinto. En la lactancia mixta, el efecto depende de la proporción de cada tipo de leche.
- Antibióticos en etapas muy tempranas (en la madre o en el bebé), cuando están indicados. Aun así, pueden modificar temporalmente la microbiota. En algunos bebés se nota como cambios en las heces, más gases o molestias. Después, suele recuperarse de forma gradual.
- Entorno y contacto estrecho con la familia. La microbiota también se ve influida por el contacto diario: piel, manos, convivencia y rutinas. Es parte normal del desarrollo. Lo importante es mantener una higiene adecuada, sin medidas excesivas.
Por qué los primeros días son una ventana crítica en salud digestiva infantil
Durante los primeros días y semanas, el aparato digestivo del bebé se encuentra en desarrollo y la microbiota intestinal cambia rápidamente. En esa etapa, algunos factores (infecciones, medicación necesaria o dificultades con la alimentación) pueden asociarse con más gases, molestias o variaciones en el ritmo intestinal.
¿Cuál es el papel del especialista en digestivo pediátrico?
El digestivo pediátrico es el especialista que se centra en la salud del sistema digestivo en la infancia. En bebés, su papel suele ser ayudar a diferenciar lo esperable (por inmadurez y adaptación) de lo que requiere valoración.
Digestivo pediátrico: definición y funciones
En consulta, el digestivo pediátrico aborda problemas frecuentes como:
- Regurgitaciones y sospecha de reflujo cuando hay malestar o afecta a la alimentación.
- Cólicos del lactante, gases intensos o llanto asociado a molestias digestivas.
- Diarrea persistente, estreñimiento mantenido o cambios llamativos en las heces.
- Dificultades en la tolerancia a las tomas.
- Sospecha de alergias alimentarias o problemas de absorción.
El objetivo es valorar al bebé de forma global: evolución, exploración, curva de crecimiento y, si hace falta, pruebas adaptadas a su edad.
Desarrollo del aparato digestivo en el recién nacido
Durante los primeros meses, el aparato digestivo está en plena maduración. Es habitual observar:
- Gases: el bebé puede tragar aire durante la toma o al llorar, y el intestino aún regula su movimiento.
- Regurgitaciones: muy frecuentes por inmadurez de los mecanismos antirreflujo.
- Cambios en las deposiciones: la frecuencia puede variar mucho, especialmente con lactancia materna.
- Periodos de inquietud que se concentran a ciertas horas del día.
La clave está en el conjunto: si el bebé come, crece y está bien en general, suele ser tranquilizador. Si hay señales de alarma, conviene consultar.
Motivo por el que la microbiota influye en el área de digestivo pediátrico
La microbiota puede influir en temas muy típicos de digestivo pediátrico, como:
- Fermentación de nutrientes (relación con gases y distensión).
- Equilibrio del entorno intestinal, que puede afectar al confort.
- Maduración de la barrera intestinal y su relación con la respuesta inmunitaria.
Además, la literatura científica describe que la alimentación y ciertos factores tempranos modulan la composición del microbioma, lo que ayuda a entender diferencias entre bebés en tolerancia y síntomas digestivos.
Señales de que tu bebé tiene una microbiota sana
No hay una forma doméstica de conocer el estado de la microbiota. Aun así, existen signos del día a día que suelen asociarse con un funcionamiento digestivo normal.
Indicadores digestivos: ritmo intestinal, gases y cólicos
Estos son algunos signos frecuentes:
- Deposiciones con una frecuencia y una consistencia acordes a su edad y a su tipo de alimentación (existe una variabilidad amplia que puede ser normal).
- Gases, sin llanto intenso y repetido asociado al dolor.
- Llanto que disminuye con medidas habituales como contacto físico, cambios de postura o movimiento suave.
Si el llanto se mantiene durante horas sin mejoría, aparece sangre en las heces, hay vómitos repetidos o notas decaimiento, conviene consultarlo con el pediatra.
Tolerancia a las tomas y ausencia de molestias
Suele ser una buena señal que el bebé:
- Se enganche y realice tomas con tranquilidad la mayor parte del tiempo.
- No muestre rechazo constante, arqueamiento o llanto repetido durante cada toma.
- Regurgite ocasionalmente sin afectar a su bienestar general.
Cuando la alimentación se vuelve un momento de sufrimiento recurrente, conviene valorarlo.
Crecimiento adecuado y buena respuesta inmunitaria
La curva de crecimiento es uno de los mejores indicadores de salud global. Si el bebé gana peso y talla según lo esperado, y mantiene buen tono general, suele ser un dato muy tranquilizador. La relación entre microbiota y sistema inmune es un campo amplio, pero se sabe que la microbiota temprana interactúa con el desarrollo inmunitario.
Hábitos que favorecen una microbiota equilibrada
Sin recetas milagro, estos hábitos ayudan a cuidar el intestino del bebé:
- Lactancia materna, si es posible y se desea, con apoyo profesional cuando hay dificultades (agarre, dolor, grietas, baja ganancia de peso).
- En caso de fórmula, preparación con medidas correctas e higiene adecuada.
- Pausas para sacar el aire durante y tras las tomas, y postura más incorporada si hay muchos gases (medidas de alivio habituales).
- Uso de antibióticos solo cuando están indicados por el pediatra.
- Antes de dar probióticos o productos digestivos, consulta: no todos sirven para todos los casos y conviene individualizar (edad, síntomas, antecedentes).
En Grupo IHP de Pediatría contamos con un equipo de especialistas en digestivo que aborda los problemas digestivos más frecuentes en bebés (cólicos, gases, reflujo, alteraciones del ritmo intestinal o dudas con la alimentación) desde una perspectiva integral y personalizada, acompañando a las familias en el seguimiento y en la creación de rutinas que favorezcan su bienestar.





