¿Cuándo acudir al neurólogo pediátrico por posible TDAH infantil? Señales, diagnóstico y evaluación

La infancia es una etapa de energía, descubrimiento y movimiento constante. Es habitual que los padres se pregunten si el nivel de actividad de su hijo entra dentro de lo normal o si podría existir alguna dificultad añadida en su desarrollo neurocognitivo. Una de las consultas más frecuentes en nuestras unidades es la sospecha de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

Sin embargo, distinguir entre un niño vital y curioso y uno con TDAH no siempre es sencillo a simple vista. En este artículo vamos a aclarar qué es realmente este trastorno, cómo diferenciarlo de otras situaciones cotidianas y cuál es el papel del neurólogo pediátrico en su evaluación y diagnóstico.

¿Todo niño movido tiene TDAH?

Es fundamental partir de una premisa clara: no todos los niños inquietos tienen TDAH. El movimiento es parte natural del aprendizaje y del desarrollo infantil. Muchos niños presentan altos niveles de energía sin que esto implique una patología neurológica.

Riesgo de sobrediagnóstico

En la actualidad, existe una preocupación creciente por el sobrediagnóstico. A veces, comportamientos propios de la inmadurez o del temperamento del niño se etiquetan erróneamente. Es crucial realizar una valoración médica rigurosa para evitar medicar o tratar innecesariamente a niños que simplemente son más activos o tienen un ritmo madurativo diferente.

Confusión con aburrimiento, estrés o altas capacidades

Existen situaciones que pueden mimetizar los síntomas del TDAH. Un niño puede parecer inatento o agitado por causas muy diversas:

  • Aburrimiento: Si el contenido escolar no les motiva o el método no encaja con su forma de aprender, desconectan.
  • Altas capacidades: Los niños con alto potencial pueden mostrarse inquietos o distraídos si no reciben el estímulo intelectual que necesitan.
  • Estrés o ansiedad: Situaciones familiares complejas, cambios de rutina o problemas emocionales pueden manifestarse como agitación motora o falta de concentración.

Importancia del contexto escolar y familiar

Para hablar de una posible dificultad, la conducta no puede ser aislada. Si el niño solo es movido en casa pero en el colegio atiende perfectamente, o viceversa, es probable que no estemos ante un trastorno neurobiológico, sino ante una respuesta al entorno o a normas de conducta. El análisis del contexto global es clave antes de sospechar un diagnóstico clínico.

Qué caracteriza realmente al TDAH

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo de origen biológico. No es culpa de la educación recibida ni una elección del niño. Se basa en una inmadurez en los sistemas de neurotransmisión que regulan la atención y el autocontrol.

Inatención, impulsividad e hiperactividad persistentes

El cuadro clínico se apoya en una tríada de síntomas que deben ser intensos, frecuentes y desproporcionados para la edad del niño:

  • Inatención: Dificultad para mantener el foco en tareas lúdicas o escolares, parece que «no escuchan», pierden objetos y les cuesta seguir instrucciones complejas.
  • Impulsividad: Actúan sin pensar en las consecuencias, interrumpen conversaciones, tienen dificultades para esperar su turno y presentan baja tolerancia a la frustración.
  • Hiperactividad: Movimiento excesivo (correr, saltar) en situaciones inapropiadas, o inquietud motora fina (mover manos y pies) cuando deben estar sentados.

Síntomas en varios entornos

Para que se considere TDAH, estas dificultades deben presentarse en al menos dos entornos diferentes (por ejemplo, en casa y en la escuela). El trastorno viaja con el niño; no desaparece según quién esté delante, aunque pueda fluctuar según la motivación.

Impacto real en aprendizaje y conducta

La clave para acudir al especialista suele ser la interferencia funcional. No se trata solo de que el niño sea movido, sino de que esto afecte a su calidad de vida: bajo rendimiento escolar (a pesar de tener capacidad), problemas de conducta, dificultades para hacer amigos o baja autoestima al sentir que «siempre lo hacen mal».

Cuándo consultar con un neurólogo pediátrico

El neurólogo pediátrico es el especialista indicado para evaluar el desarrollo del sistema nervioso del niño. Se recomienda pedir cita si observas:

  • Quejas recurrentes desde el colegio sobre su falta de atención o mal comportamiento.
  • Dificultades académicas que no se explican por falta de inteligencia.
  • Comportamientos impulsivos que ponen en riesgo su integridad física.
  • Un nivel de actividad que desborda la dinámica familiar y no mejora con pautas educativas habituales.

¿Cómo es la evaluación neurológica infantil?

No existe una prueba única (como un análisis de sangre) que confirme el TDAH. El diagnóstico es clínico y requiere un proceso minucioso por parte del especialista:

  1. Historia clínica detallada: Se recogen antecedentes familiares, embarazo, parto y desarrollo psicomotor.
  2. Exploración neurológica: Para descartar otros problemas físicos (visión, audición, epilepsias ausencias, etc.) que puedan causar los síntomas.
  3. Entrevistas y escalas: Se utiliza información de los padres y del colegio a través de cuestionarios estandarizados.
  4. Evaluación psicopedagógica: A menudo se trabaja en equipo para valorar la capacidad cognitiva y descartar problemas de aprendizaje (como dislexia) que frecuentemente coexisten con el TDAH.

Preguntas frecuentes (FAQ)

Es normal que surjan dudas ante la posibilidad de este diagnóstico. Aquí resolvemos algunas de las más habituales en consulta.

¿A qué edad se puede diagnosticar el TDAH?

Aunque los síntomas suelen aparecer antes de los 7 años, el diagnóstico de certeza suele realizarse a partir de los 6 o 7 años, que es cuando la exigencia escolar permite evidenciar claramente los déficits de atención. Antes de esa edad, es difícil distinguir el trastorno de la inmadurez propia de la primera infancia.

¿Siempre requiere medicación?

No necesariamente. El tratamiento debe ser individualizado y multimodal. La base suele ser la intervención psicoeducativa (pautas para padres y colegio) y el apoyo psicológico. El tratamiento farmacológico se reserva para casos donde la afectación es moderada o grave y las otras medidas no son suficientes, siempre bajo estricto control médico.

¿Puede confundirse con altas capacidades?

Sí, y también pueden darse juntos (lo que se conoce como doble excepcionalidad). Un niño con altas capacidades puede aburrirse y dejar de prestar atención, pareciendo un TDAH sin serlo. Por eso es vital que la evaluación incluya una valoración de la capacidad intelectual.

¿Quién debe evaluar a mi hijo?

El diagnóstico debe realizarlo un profesional clínico con experiencia en neurodesarrollo, idealmente un neuropediatra o un psiquiatra infantil, apoyándose en la información de psicólogos y docentes.

En Grupo IHP, nuestra Unidad de Salud Mental trabaja para ofrecer un diagnóstico preciso y un plan de acción que ayude a tu hijo a desarrollar todo su potencial, entendiendo sus necesidades y acompañando a la familia en cada paso.

¡Pide cita!

La salud y bienestar de los más
pequeños es nuestra prioridad