- Los especialistas del grupo pediátrico andaluz insisten en que la vigilancia constante, cercana y sin distracciones es la medida más eficaz para proteger a niños y niñas en piscinas, playas y otros entornos acuáticos.
- Con la llegada del verano, Grupo IHP ofrece pautas sencillas de seguridad para ayudar a las familias a anticiparse a situaciones de riesgo durante el baño.
En pleno periodo estival y con el aumento del tiempo de ocio en piscinas y playas, los especialistas de Grupo IHP recuerdan a padres, madres y cuidadores la importancia de extremar las precauciones frente a los ahogamientos infantiles. El agua forma parte del disfrute del verano, pero también exige una atención permanente por parte de los adultos, especialmente cuando hay bebés o niños pequeños cerca.
Desde Grupo IHP se subraya que la supervisión activa no consiste únicamente en estar presente, sino en vigilar de forma continua, mantener la atención puesta en el menor y evitar cualquier distracción. El uso del teléfono móvil, las conversaciones prolongadas o la falsa confianza en flotadores y manguitos pueden reducir la capacidad de reacción ante una situación de riesgo.
Pautas de seguridad para piscinas y playas
Los especialistas de Grupo IHP recuerdan que la seguridad en el agua empieza antes del baño. En entornos acuáticos, los niños deben permanecer siempre bajo la vigilancia de un adulto responsable y, en el caso de los más pequeños, al alcance de la mano. Cuando haya varios familiares o cuidadores, es recomendable designar claramente quién se encarga de supervisar en cada momento, evitando así la falsa sensación de que “alguien está pendiente”.
En este sentido, el grupo pediátrico andaluz insiste en que los flotadores, manguitos u otros elementos de apoyo pueden ser útiles, pero nunca sustituyen la presencia atenta de un adulto. Aprender a nadar también es una herramienta positiva para la seguridad infantil, aunque no elimina el riesgo ni reemplaza la vigilancia constante.
En piscinas privadas, Grupo IHP recomienda reforzar las medidas de protección mediante barreras físicas, puertas cerradas y sistemas que impidan el acceso no supervisado al agua. En las playas, por su parte, es fundamental respetar las banderas, señales e indicaciones de los socorristas, así como evitar zonas no habilitadas, corrientes o espacios donde la profundidad pueda cambiar de forma brusca.
Los especialistas aconsejan, además, enseñar a los niños normas básicas desde edades tempranas, como no correr alrededor de la piscina, no empujar a otros menores, no lanzarse de cabeza en zonas poco profundas y pedir permiso antes de entrar al agua. Son hábitos sencillos que contribuyen a crear entornos más seguros y a reducir riesgos durante el baño.
Ante cualquier incidente, la rapidez en la respuesta resulta clave. Si un niño presenta dificultad para respirar, tos persistente, somnolencia, malestar o cambios de coloración tras un episodio en el agua, se debe solicitar ayuda sanitaria de inmediato y, en caso de emergencia, llamar al 112.
Grupo IHP recuerda que la prevención, la atención activa y unas normas claras pueden marcar la diferencia para que los más pequeños disfruten del verano de forma segura en piscinas, playas y cualquier entorno acuático.












