Es habitual que las familias se preocupen al observar una pequeña membrana debajo de la lengua de su hijo. Sin embargo, todos tenemos frenillo lingual o frenillo sublingual y su presencia no significa necesariamente que exista un problema.
La valoración resulta necesaria cuando ese tejido limita el movimiento de la lengua y afecta a funciones como la lactancia, la alimentación o determinados movimientos relacionados con el habla. En estos casos puede hablarse de anquiloglosia en niños.
¿Qué es el frenillo lingual?
El frenillo lingual es un pliegue de tejido que une la parte inferior de la lengua con el suelo de la boca. Su forma, grosor y visibilidad pueden variar mucho entre niños.
Por eso, no debe valorarse únicamente por su apariencia. Un frenillo visible puede no causar ninguna dificultad, mientras que otro menos evidente puede limitar la movilidad. El diagnóstico debe basarse en la función de la lengua y en los síntomas del niño, no solo en una fotografía o en una clasificación anatómica.
¿Qué señales pueden indicar una limitación?
Las manifestaciones dependen de la edad del niño y no siempre están causadas por el frenillo. Por ello, conviene realizar una valoración individual.
En bebés
Durante la lactancia pueden aparecer:
- Dificultad para mantener un agarre eficaz.
- Tomas muy largas o poco efectivas.
- Dolor persistente o heridas en el pezón.
- Escasa transferencia de leche.
- Ganancia de peso insuficiente.
Antes de atribuir estos problemas al frenillo sublingual, es importante observar una toma completa y revisar la postura, el agarre y otros factores que pueden afectar a la lactancia.
En niños mayores
Puede ser recomendable consultar cuando se observa:
- Dificultad clara para elevar o mover la lengua.
- Problemas persistentes al masticar o manejar algunos alimentos.
- Movimientos compensatorios de la mandíbula.
- Errores de pronunciación que no evolucionan como corresponde a su edad.
- Molestias al realizar determinados movimientos linguales.
Estas señales no confirman por sí mismas una anquiloglosia. Otros problemas de articulación o coordinación oral pueden producir manifestaciones parecidas.
¿El frenillo lingual afecta al habla?
El frenillo lingual no provoca habitualmente un retraso del lenguaje. Un niño puede desarrollar vocabulario, comprensión y frases con normalidad aunque tenga una movilidad lingual reducida.
Respecto a la pronunciación, la relación no está completamente demostrada. Muchos niños compensan la limitación y producen correctamente los sonidos. Por eso, una dificultad para pronunciar la erre, la ele u otro fonema no significa automáticamente que el frenillo sea la causa. La evidencia científica actual no permite afirmar que la anquiloglosia provoque por sí sola un trastorno de los sonidos del habla.
Tampoco se recomienda operar a un bebé de manera preventiva para evitar posibles dificultades de pronunciación en el futuro. Cuando el problema aparece en un niño mayor, el logopeda debe comprobar si existe una relación real entre el movimiento de la lengua y los errores observados.
¿Cómo se valora la anquiloglosia en niños?
La valoración debe ser funcional y, cuando sea necesario, multidisciplinar. En logopedia infantil se pueden analizar:
- La movilidad y coordinación de la lengua.
- La posición de reposo de labios, lengua y mandíbula.
- La articulación durante el habla espontánea.
- La masticación y la deglución.
- Los movimientos compensatorios.
- La repercusión del problema en la vida diaria.
El logopeda ayuda a determinar si existe una dificultad funcional y si puede beneficiarse de tratamiento logopédico. No obstante, la indicación y realización de una intervención quirúrgica corresponden al profesional médico u odontológico cualificado.
¿Qué tratamientos existen?
No todos los frenillos necesitan tratamiento. Cuando el niño se alimenta, mueve la lengua y habla adecuadamente, puede ser suficiente con realizar seguimiento.
Si existen alteraciones funcionales, las opciones pueden incluir:
- Tratamiento logopédico: trabaja la articulación, la coordinación lingual y los patrones orales alterados. La terapia miofuncional puede utilizarse en casos seleccionados, siempre mediante ejercicios personalizados y dentro de un plan profesional.
- Frenotomía: consiste en realizar un corte para liberar el frenillo.
- Frenectomía lingual: implica retirar una parte más amplia del tejido y puede plantearse según la edad y las características del caso.
La cirugía no corrige automáticamente una dificultad de pronunciación. Algunos niños necesitan acompañamiento logopédico para aprender nuevas posiciones de la lengua y reducir las compensaciones adquiridas. Además, la división del frenillo debe realizarla un profesional sanitario correctamente formado.
¿Cuándo conviene consultar?
Conviene pedir valoración si tu bebé tiene dificultades persistentes durante la lactancia o si tu hijo presenta problemas para mover la lengua, comer o pronunciar determinados sonidos. También es recomendable consultar antes de plantear una frenotomía o una frenectomía lingual.
Ante cualquier duda sobre el frenillo lingual, el equipo de Grupo IHP puede valorar cada caso y orientar a la familia sobre los siguientes pasos.












