Grupo IHP recuerda la importancia de cuidar la salud emocional de niños y adolescentes en la vuelta al cole

  • El 31,3 % de los adolescentes de entre 11 y 18 años afirma que el trabajo escolar le agobia mucho, según el Estudio HBSC 2022 publicado por el Ministerio de Sanidad.
  • Dolores abdominales o de cabeza recurrentes, alteraciones del sueño, cambios en el apetito o rechazo a acudir al colegio pueden ser algunas de las señales de un malestar emocional que conviene valorar si persiste en el tiempo.

El inicio del curso escolar supone para niños y adolescentes la recuperación de horarios, rutinas, responsabilidades académicas y relaciones sociales después de las vacaciones de verano. Un periodo de adaptación que puede generar nerviosismo, preocupación o cierta resistencia durante los primeros días y que, en la mayoría de los casos, evoluciona favorablemente conforme el menor se familiariza de nuevo con su entorno cotidiano.

Sin embargo, los especialistas de la Unidad de Salud Mental de Grupo IHP recuerdan que es importante prestar atención a aquellas manifestaciones que se mantienen en el tiempo, aumentan de intensidad o comienzan a interferir en el día a día del niño o adolescente.

La salud emocional de los menores continúa siendo un ámbito que requiere especial atención. Según el último Estudio Longitudinal EMOChild, desarrollado por el Observatorio Español de la Salud Mental Infanto-Juvenil, aproximadamente uno de cada ocho niños y adolescentes presenta niveles elevados de ansiedad.

A ello se suma la presión relacionada específicamente con el ámbito académico. El Estudio HBSC 2022 del Ministerio de Sanidad señala que el 31,3 % de los adolescentes de entre 11 y 18 años afirma que el trabajo escolar le agobia mucho.

Cuando el malestar también se manifiesta físicamente

La ansiedad durante la infancia y la adolescencia no siempre se expresa de manera directa. En muchas ocasiones, especialmente entre los niños más pequeños, el malestar puede aparecer a través de síntomas físicos como dolores abdominales o de cabeza recurrentes, náuseas, dificultades para conciliar el sueño, despertares frecuentes o cambios en el apetito.

La aparición de estas molestias no implica necesariamente la existencia de un problema de salud mental y, ante síntomas persistentes o de nueva aparición, es importante descartar primero posibles causas orgánicas. No obstante, cuando se producen repetidamente antes de acudir al colegio, desaparecen durante los fines de semana o vacaciones o se acompañan de miedo intenso y rechazo a asistir a clase, pueden indicar que existe un componente emocional que conviene valorar.

No debemos alarmarnos ante unos días de nervios o cierta resistencia al comienzo del curso. Lo importante es observar la evolución. Cuando el malestar no disminuye, aumenta progresivamente o empieza a afectar al sueño, la alimentación, las relaciones sociales o la asistencia al colegio, es recomendable pedir orientación profesional”, explican desde la Unidad de Salud Mental de Grupo IHP.

El cambio de ritmo después del verano

La vuelta al colegio supone también un cambio importante en los ritmos cotidianos. Durante las vacaciones suelen retrasarse tanto la hora de acostarse como la de levantarse, existe una mayor flexibilidad en las comidas y aumenta el tiempo dedicado al ocio y, en muchos casos, a las pantallas.

Pasar de esta dinámica a madrugar, mantener varias horas de atención en clase, recuperar actividades extraescolares y asumir nuevamente tareas y responsabilidades puede requerir un periodo de reajuste.

Por ello, los especialistas de Grupo IHP recomiendan recuperar progresivamente las rutinas de sueño, establecer horarios regulares y ordenar el uso recreativo de móviles, tabletas, videojuegos y otros dispositivos, especialmente durante las últimas horas del día.

La adaptación es más sencilla cuando los cambios se introducen de forma progresiva. Recuperar horarios de sueño, reducir el tiempo de pantallas y volver a organizar las actividades ayuda al menor a anticipar la nueva rutina y afrontar el comienzo del curso con mayor seguridad”, destacan desde la Unidad de Salud Mental de Grupo IHP.

En este proceso también resulta importante ajustar las expectativas. El comienzo del curso no tiene que implicar recuperar inmediatamente el máximo nivel de rendimiento. Facilitar una incorporación progresiva y mantener espacios de descanso, actividad física y convivencia familiar contribuye a que niños y adolescentes afronten el cambio de forma más equilibrada.

Especial atención a las etapas de transición

Existen además momentos especialmente sensibles, como el inicio de la guardería o del colegio y el paso de Educación Primaria a Secundaria.

En los más pequeños, comenzar la escolarización puede suponer una de las primeras separaciones prolongadas de sus figuras habituales de referencia. El llanto al despedirse, una mayor necesidad de contacto al regresar a casa o pequeñas alteraciones transitorias del sueño pueden formar parte inicialmente de ese proceso.

En la adolescencia, el paso al instituto incorpora otros desafíos: nuevos compañeros y profesores, mayor autonomía, cambios en la organización académica, incremento de las exigencias y una etapa vital en la que las relaciones sociales tienen un peso especialmente importante.

En ambos casos, desde Grupo IHP aconsejan anticipar los cambios, hablar de ellos con naturalidad y escuchar las preocupaciones del menor sin minimizarlas ni amplificarlas. La forma en la que los adultos afrontan este periodo también influye en la percepción de seguridad de niños y adolescentes.

La detección precoz, clave para acompañar a las familias

La Unidad de Salud Mental de Grupo IHP ofrece un abordaje especializado y multidisciplinar para acompañar a niños, adolescentes y familias cuando el malestar emocional persiste o comienza a interferir en su vida cotidiana.

Cuando estas señales se mantienen en el tiempo, es importante valorar qué está ocurriendo y ofrecer a la familia las herramientas necesarias para afrontarlo. Una detección precoz permite actuar antes de que el malestar se intensifique o afecte a otros ámbitos de la vida del menor”, señalan los especialistas de la Unidad de Salud Mental de Grupo IHP.

Con el inicio del nuevo curso, Grupo IHP recuerda la importancia de observar los cambios que persisten, escuchar cómo se sienten niños y adolescentes y consultar ante cualquier duda, diferenciando las dificultades propias de la adaptación de aquellas situaciones que pueden necesitar atención especializada.

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