El impétigo es una infección de la piel bastante frecuente en la infancia. Aunque puede llamar mucho la atención por el aspecto de las lesiones, en la mayoría de los casos evoluciona bien cuando se diagnostica y se trata de forma adecuada.
Suele aparecer en zonas visibles como la cara, alrededor de la nariz o la boca, aunque también puede afectar a brazos, piernas, cuero cabelludo u otras partes del cuerpo. Además, es una infección contagiosa, por lo que conocer sus síntomas y saber cómo actuar ayuda a evitar que se extienda a otros niños o a diferentes zonas de la piel.
¿Qué es el impétigo en niños?
El impétigo es una infección superficial de la piel causada por bacterias. Es más habitual en niños pequeños, especialmente cuando existen pequeñas heridas, picaduras, rozaduras, eccemas o irritaciones que facilitan la entrada de estas bacterias en la piel.
No se trata de una infección grave en la mayoría de los casos, pero sí requiere atención, ya que puede extenderse con facilidad si el niño se rasca o si las lesiones entran en contacto con otras personas.
Una infección bacteriana frecuente en la infancia
La piel actúa como una barrera protectora. Sin embargo, cuando aparece una pequeña lesión, aunque sea casi imperceptible, las bacterias pueden entrar y provocar una infección.
Esto puede ocurrir tras una picadura de mosquito, una herida por rascado, una rozadura, una dermatitis o incluso una irritación alrededor de la nariz cuando el niño tiene mucosidad frecuente.
Impétigo en bebés y niños pequeños
En bebés y niños pequeños conviene prestar especial atención a cualquier lesión que se extienda, supure, forme costras o no mejore en pocos días. A estas edades, la piel es más delicada y el niño puede tocarse o rascarse sin darse cuenta, lo que favorece que la infección se propague.
Síntomas del impétigo
El impétigo suele comenzar con pequeñas manchas rojas, granitos, ampollas o heridas superficiales. Con el paso de las horas o los días, estas lesiones pueden romperse y formar costras de color amarillento o aspecto parecido a la miel.
Aunque cada niño puede presentar una evolución diferente, hay señales que deben hacer sospechar esta infección.
Costras amarillas, ampollas y heridas en la piel
Los síntomas más habituales del impétigo son:
- Lesiones rojizas en la piel.
- Pequeñas ampollas o granitos.
- Heridas superficiales que supuran.
- Costras amarillentas o doradas.
- Picor o molestias en la zona.
- Lesiones que se extienden al rascarse.
En muchos casos, el niño se encuentra bien y no tiene fiebre. Aun así, si las lesiones aumentan, duelen, están calientes, se acompañan de malestar general o aparecen otros síntomas, es recomendable consultar cuanto antes.
Impétigo en cara, nariz, boca, piernas o cuero cabelludo
El impétigo aparece con frecuencia alrededor de la nariz y la boca, especialmente si el niño ha tenido mocos, irritación o se toca mucho la zona. También puede afectar a mejillas, barbilla, brazos, piernas o cuero cabelludo.
Cuando aparece cerca de los ojos, en bebés pequeños o en zonas extensas, conviene que lo valore un pediatra sin demorarlo.
¿El impétigo es contagioso?
Sí, el impétigo es contagioso. Puede transmitirse por contacto directo con las lesiones o a través de objetos que hayan estado en contacto con la piel infectada, como toallas, ropa, sábanas o juguetes.
También puede extenderse en el propio niño si se rasca una lesión y después se toca otra zona del cuerpo.
Cómo se transmite entre niños
El contagio es más frecuente en entornos donde los niños tienen contacto estrecho, como colegios, guarderías, actividades deportivas o espacios compartidos.
Para reducir el riesgo de transmisión, es importante mantener una buena higiene de manos, evitar que el niño se rasque, cubrir las lesiones cuando sea posible y no compartir objetos personales.
Cuándo puede volver al colegio o guardería
La vuelta al colegio o guardería debe seguir siempre la recomendación del pediatra y las normas del centro. En general, es importante que el niño haya iniciado el tratamiento indicado, que las lesiones estén cubiertas si se encuentran en zonas expuestas y que pueda mantener unas medidas básicas de higiene.
Si las lesiones son muy extensas, no pueden cubrirse o el niño no se encuentra bien, puede ser necesario esperar unos días antes de volver.
Tratamiento del impétigo infantil
El tratamiento del impétigo depende de la extensión de las lesiones, la edad del niño y la evolución de la infección. Por eso, no conviene automedicar ni aplicar cremas antibióticas sin indicación médica.
En casos leves, el pediatra puede recomendar limpieza local y una pomada antibiótica. Si las lesiones son numerosas, se extienden con rapidez o hay síntomas generales, puede ser necesario un tratamiento por vía oral.
Limpieza y cuidados de la piel
La limpieza suave de la zona ayuda a retirar secreciones y costras de forma progresiva. Lo recomendable es seguir las indicaciones del pediatra, evitar frotar con fuerza y lavar bien las manos antes y después de tocar la zona afectada.
También es importante mantener las uñas del niño cortas y limpias para reducir el daño por rascado.
Crema, pomada o antibiótico: cuándo se indican
Cuando el impétigo está localizado, el tratamiento suele realizarse con una crema o pomada antibiótica pautada por el pediatra. En cambio, si hay muchas lesiones, fiebre, afectación extensa o mala evolución, el especialista puede valorar un antibiótico oral.
La elección del tratamiento debe hacerla siempre un profesional sanitario, ya que no todas las lesiones de la piel son impétigo y no todas necesitan el mismo abordaje.
Qué no hacer en casa
Ante una sospecha de impétigo, es mejor evitar:
- Arrancar las costras.
- Aplicar remedios caseros.
- Usar antibióticos sobrantes de otros tratamientos.
- Compartir toallas o ropa.
- Tapar la zona con apósitos inadecuados sin orientación médica.
- Esperar demasiado si las lesiones se extienden.
El objetivo no es solo curar la lesión actual, también evitar contagios y nuevas lesiones.
Cuándo consultar con el pediatra
Es recomendable consultar con el pediatra cuando aparecen lesiones compatibles con impétigo, especialmente si el niño es pequeño, si las heridas se extienden o si afectan a zonas delicadas.
También conviene pedir valoración si hay fiebre, dolor, inflamación importante, mal estado general o si el tratamiento inicial no consigue mejorar la piel.
Lesiones que se extienden, fiebre o falta de mejora
Si las lesiones aumentan en número, aparecen en varias zonas del cuerpo o no mejoran tras seguir las pautas indicadas, es necesario revisar el caso.
En ocasiones, puede ser preciso ajustar el tratamiento o descartar otros problemas de la piel que pueden parecerse al impétigo.
Impétigo cerca de ojos, nariz o boca
Cuando el impétigo aparece cerca de los ojos, la nariz o la boca, es importante extremar las precauciones. Estas zonas son más sensibles y pueden requerir una valoración más rápida para evitar complicaciones o extensión de la infección.
Cómo prevenir el impétigo
Aunque no siempre se puede evitar, hay medidas sencillas que ayudan a reducir el riesgo de impétigo y su transmisión.
La prevención se basa, sobre todo, en la higiene, el cuidado de pequeñas heridas y evitar el contacto directo con las lesiones.
Higiene, uñas cortas y no compartir toallas
El lavado frecuente de manos es una de las medidas más importantes. También ayuda mantener las uñas cortas, cambiar la ropa y las toallas con regularidad y evitar compartir objetos personales mientras existan lesiones activas.
Si el niño tiene impétigo, es recomendable lavar sus toallas, sábanas y ropa con frecuencia.
Cuidado de heridas, picaduras y rozaduras
Las pequeñas heridas, picaduras o rozaduras deben limpiarse y vigilarse. Si el niño se rasca mucho, puede romper la piel y facilitar la entrada de bacterias.
En niños con dermatitis, eccemas o piel sensible, mantener la piel bien cuidada también puede ayudar a reducir el riesgo de infecciones secundarias.
Atención pediátrica en Grupo IHP
En Grupo IHP ofrecemos una atención pediátrica cercana y especializada para valorar lesiones de la piel en niños, confirmar el diagnóstico y orientar a las familias sobre el tratamiento y los cuidados más adecuados.
Si tu hijo presenta costras amarillentas, ampollas, heridas que se extienden o lesiones que no mejoran, una valoración pediátrica puede ayudarte a resolver dudas y actuar con tranquilidad.
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